La lectura de libros sobre pesca deportiva

El pasado año publicamos durante varios meses en la portada del blog una
encuesta acerca de los intereses de lectura de los aficionados a la pesca. En el artículo de presentación a la encuesta, “La lectura y la afición a la pesca”, comentábamos el escaso inventario de libros dedicados al tema en Cuba en el transcurso de más de medio siglo, en contraste con las publicaciones seriadas que, con más o menos profesionalidad, dieron cobertura al tema desde que en 1937 Federico Lindner creara su sección “Yates, Caza, Pesca y Tiro” en la revista Carteles, y Antonio G. Solar se empeñara más o menos por la misma época, en publicar su Caza y Pesca, que duró milagrosamente hasta 1960.

Contábamos con el antecedente de otra encuesta realizada entre septiembre del año 2000 y marzo del 2002, mediante modelos impresos, en una de cuyas preguntas enfocamos por primera vez el tema del consumo de información (incluía radio y televisión) entre los aficionados a la pesca en Cuba. En aquella ocasión, la pregunta acerca de si interesaba al encuestado la lectura de revistas o libros sobre pesca deportiva fue respondida positivamente por 199 pescadores (95.94 % del conjunto), mientras los 8 restantes declararon su desinterés por la lectura (aunque uno de ellos acotó que la practicaba “Ocasionalmente”).

A una década de distancia, vuelta a la misma inquietud, porque se han perdido espacios en los medios y la lista de libros dedicados a esta afición se resiste a aumentar. “El tema no tiene posibilidades”, aseguró una editora tras reconocer que el libro que se había sometido a su consideración estaba “bien escrito y narrado”. Se trataba nada menos que de la historia del torneo Hemingway, un producto turístico cuya proyección internacional atrae la mirada hacia Cuba de un sector de mercado de gran interés.

En la nueva encuesta, la indagación se abrió en un total de 8 preguntas, para inquirir no solo el interés por el tema piscatorio, algo que podía suponerse a partir de la investigación previa, sino explorar la motivación que abrir un libro tendría entre quienes compartimos el gusto por las artes de sedal y anzuelo. De ahí las preguntas:

1-¿Posee usted libros?

2-¿Está inscrito en una biblioteca?

3-¿Aprecia leer en su tiempo libre?

4-Lee usted un libro: ¿Cada semana, Cada quincena, Una vez al mes, Pocas veces al año, Nunca?

5-Sus temas o géneros de lectura preferidos son (puede mencionar hasta 3):

Cuento y novela, Poesía, Ensayo, Policíacos, Ciencia ficción y/o Viajes.

6- ¿Ha leído usted alguno de los títulos sobre pesca deportiva publicados en

Cuba?

7-Si fuera a leer un libro sobre pesca deportiva, usted preferiría que se enfocara en:

Técnicas de pesca, Especies de peces, Lugares de pesca u Otro.

8-¿Cuál es el límite monetario que pagaría usted por un libro? (Indicar moneda).

La conclusión más inmediata es que los aficionados a la pesca en apariencia poseen hoy día un escaso interés por la lectura. Los participantes en la encuesta no pasan de media docena en ninguna de las preguntas, mientras los visitantes del blog, de acuerdo con los informes que ofrece el contador de accesos de últimos 30 días, nunca bajan de quinientos.

A pesar de que un participante en la encuesta aseguró apreciar “Mucho” la lectura como actividad en su tiempo libre (dos dijeron que “Algo”), entre seis personas, cuatro no poseen libros y ninguno de los encuestados frecuenta bibliotecas. Quien se muestra interesado en la lectura es si duda quien se lee un libro cada semana, que es un rango elevado, pero la misma proporción corresponde a otros que se conforman con hacerlo una vez al mes (satisfactorio) o tal vez alguna ocasión en el año o “Nunca”. Las preferencias de lectura muestran inclinación por los temas de viajes, científico técnicos y “Otros” (la pesca, seguramente) y un lector se inclina por la poesía que es, con el teatro y el ensayo, género de avezados en el contacto con la letra impresa.

El 60% leyó los títulos sobre pesca deportiva publicados en Cuba, y esta es una circunstancia que indica tanto una escasa atención a los libros –tanta, que ni siquiera la afición más preciada constituye una motivación-, como la insuficiente promoción de lo que se publica en el país. Por último, contrasta este panorama con la respuesta que dieron algunos respecto a la cantidad de dinero que estarían dispuestos a pagar por un libro: dos de los cinco participantes en esta pregunta respondieron que 50 pesos o más, lo que ya es pagar, de acuerdo con el nivel de ingresos oficial en el país.

En nuestro moderno mundo, pese a la denominada “brecha digital”, hay más acceso a la tecnología de la información que capacidad de traducir este acceso a tal recurso en una herramienta cultural en función de la existencia. Los estudiantes usan alegremente la herramienta de “copiar y pegar” y se ilustran para la vida en wikipedia, apresurados por cambiar la ventana del ordenador en dirección a los apasionantes juegos digitales. Nadie en verdad debería asombrarse si mañana los futuros talentos líderes de la sociedad probablemente salen de entre quienes no tienen un ordenador en casa y deben luchar con la vida mediante un estatus de menos ventajas materiales, dedicándose más al estudio en bibliotecas, a redactar a mano e ilustrar con recortes tomados de la prensa o amorosa y sabiamente trazados a mano. Me reiré con los que hagan burlas de esta afirmación, como reí con el colega de mi club de La Lisa que dijo un día que para pescar no hacía falta “tanto intelectualismo”.

Lo siento por los que crean algo diferente. Quien lo escribe no carece de ordenador, usa internet en sus búsquedas y aprecia en alto grado una herramienta como wikipedia, ecured u otros almacenes de información, pero afirma, con muchos otros que ya se han proyectado en este mismo sentido desde la pedagogía, la psicología u otras disciplinas, que la capacidad de observación y análisis del individuo es insustituible para la formación de capacidades y transmisión del saber, lectura mediante. Lectura mediante: la pasividad en la recepción de los contenidos de la red, aunque culpen a los emisores, es en primer lugar de quienes los aceptan. La lectura y el intercambio social, la abierta curiosidad y el razonamiento son los antídotos.

Entre cubanos, probablemente leer no sea de las ocupaciones de tiempo libre más apreciadas. Me encantaría recibir un agrio desmentido. ¿Será esa la razón por la cual nos enteramos de tantos detalles de la pesca deportiva cubana gracias a los artículos escritos por Hemingway durante el siglo pasado? ¿Debido a eso será que la mayor parte de la información que en el mundo se lee acerca de la pesca deportiva cubana en internet o en revistas fueron escritas por algun periodista o turista extranjeros que vino una semana a la “isla antillana” fue de pesca a un sitio donde los de acá no accedemos y luego nos cuenta como es allí el asunto? De la pesca gran del robalo en el río Zaza este redactor se enteró gracias a un artículo de la revista española Solo Pesca en los años noventa. En contraste, cuando le contaron de los excelentes sábalos que pican en el río Carraguao, al sur de la provincia de Pinar del Río, no tuvo que mostrar asombro, porque lo había leido en un libro cubano de 1958.

Este blog no ha podido hacer demasiado para difundir información útil al aficionado cubano, porque ni el editor ni sus potenciales destinatarios tienen suficiente acceso a internet. Las revistas en las que este redactor difundió artículos y reportajes sobre el tema duraron menos de una docena de ediciones (Mar Caribe y Bitácora, por ejemplo). De tres libros escritos, uno agotó sin promoción alguna los dos mil ejemplares de su tirada, otro ha tenido que difundirse como eBook en Amazon; otro a punto de entrar en imprenta, resume en sus más de cuatrocientas páginas el contenido que debió desplegarse en tres libros, porque hacerlo en varias obras habría demorado, al ritmo presente, no menos de una década.

La lectura es necesaria y útil en todos los ámbitos, y si en este caso se insiste en el tema de la pesca es debido, naturalmente, a que tal entretenimiento es la materia en que nos ocupamos, no por el hecho de que otras lecturas no sean tan y aun más importantes, siquiera como entretenimiento, pero más aun como fuente de cultura, que no es saber que se exhibe para pasmo de quienes rodean al sabiondo, sino capacidad de hallar la armonía de la existencia en los usos de cada grupo humano, en su contacto con el entorno natural que le corresponde y en el legado que entretanto crea cada comunidad.

Incluso quien escribe hallará en la labor propia tensa ocupación, y buscará relajarse y corregir su obstinada visión del mundo en novelas, cuentos, poesía, incluso en ensayos o en tratados sobre economía o historia, o política, pues entender el mundo en que se vive es importante incluso cuando se está obligado a tratar una materia al parecer tan inocente como la pesca.