Sin sorpresas en Minerva
BIEN EL III TORNEO ABIERTO DE PESCA DE LA LOBINA NEGRA BOQUIGRANDE


De haber hecho falta, el certamen efectuado en el embalse Minerva los días 15, 16 y 17 de febrero habría servido de argumento sólido para respaldar la propuesta de la Federación Cubana de Pesca Deportiva de combinar torneos de libre inscripción con los calendariados nacionales en los que la participación de competidores se decide exclusivamente por resultados previos en pruebas municipales y provinciales.

En el III Torneo Abierto de Pesca de la Lobina Negra Boquigrande participaron 47 pescadores y 31 acompañantes, entre estos cinco niños menores de 5 años de edad. Es de destacar que la cantidad de acompañantes ha ido creciendo en cada convocatoria del evento (12 y 16 en los primeros), lo cual puede ser tenido como un indicador de la satisfacción de los participantes y del ambiente adecuado de la actividad, que alienta a los competidores a hacerse acompañar por sus familiares. Para algunos, esta característica es el atributo más valioso de este nuevo tipo de certámenes, cuyo únicos requisitos son pertenecer a la asociación y pagar una cuota de inscripción como en cualquier país del mundo.

Otro indicador significativo de la madurez que está alcanzando este tipo de citas fue la asistencia de deportistas de 10 provincias. Esta vez solo no se representaron en el evento Guantánamo, Santiago de Cuba, Holguín, La Habana e Isla de la Juventud. Ya lo harán.


Nos comunicamos con la oficina del presidente de la filial de la FCPD en Villa Clara, José Quintín Cardoso Gómez, y llegan los datos sin demora: captura de 56 ejemplares, peso global de 209.35 libras (fracciones en centésimas de libras). El promedio en peso por ejemplar: 3,12 lb (fracción en onzas, en este único caso). Del total de competidores, 29 lograron captura (61.9%).






Las estadísticas ayudan a la síntesis:


Escala de pesos:
Hasta 3 libras: 26 ejemplares
De 3,01 a 6,00 lb 19 ejemplares
De 6,01 a 9,00 lb 11 ejemplares

Mayor ejemplar:
8.33 libras, Avelino Morales Ramos, Matanzas

Tiro de precisión:
Participaron 42 de los 47 competidores. Solo 14 lograron puntuación. El ganador de la prueba fue José Manuel Gil Berrueta, de Villa Clara, con 12 puntos.

Ganadores:
1er Lugar: Samuel Yera Pompa, Villa Clara 48.06 puntos
2do Lugar: Yosvany Sánchez García, Ciego de Avila 23.68 puntos
3er Lugar: Elio Ravelo Rodríguez, Ciudad de La Habana 23.63 puntos

Minerva es el embalse más pescado de Villa Clara, dice Quintín. Es un acuatorio que se comporta bien, a pesar de la pesca comercial, del impacto de la pesca furtiva y de algunos aficionados locales que no renuncian a ocupar el espejo de agua con sus neumáticos durante la competencia. La trucha se manifestó bien, no obstante los cambios de tiempo. “Yo esperaba ejemplares de más de 10 libras”, subraya el directivo, uno de los más experimentados organizadores de torneos de pesca del país.

Buena organización, apunta el presidente de la asociación de pescadores de la provincia. El campismo de Minerva sigue respondiendo con calidad a cada una de las demandas de la FCPD, lo cual contribuye –junto a lo que ofrece el embalse- a consolidar el sitio como sede de eventos. El lugar será nuevamente ocupado por gentes con avíos de pesca en pocos días, en dos citas sucesivas, la provincial y la nacional femeninas, que en este año se competirá como libre-fluvial.


SAMUEL, A LA ENTRADA

Algunos lo hacen a la entrada; otros, a la salida. Samuel Yera Pompa no necesitó esta vez de las tres pruebas competitivas para lograr lo que había querido en el transcurso de cada una de las tres ediciones de la cita del bass en Minerva. Hasta ahora los resultados habrían sido desalentadores para otro deportista que afrontara la competencia solo por retribuir el ego con un alto puesto en el escalafón: un lugar 13 y un cero absoluto en las citas de 2006 y 2007, parecerían duro castigo para quien ya había ganado los máximos topes cubanos del boquigrande en varias ocasiones. “Pesco más que antes, con mejores equipos, pero no estaba enfocado en la competencia. Para ganar tenía que sacar lo que tengo adentro”.

Los resultados previos de su expediente competitivo son los primeros lugares del Torneo Nacional Incendio de Bayamo en 1993 y 1997, más un segundo puesto por equipos en esa misma cita en 1994. Ganó igualmente un torneo nacional en Hanabanilla en 1996 y el recordado Todos Estrellas de la pesca del Bass en Cuba, efectuado en ese mismo embalse en 1998, en la que batió en muy cerrada competencia a una docena de los pescadores de boquigrande de mejor resultados del momento, más dos canadienses que se inscribieron a última hora.

CUBANOS DE PESCA no halla motivos para obviar entre los resultados meritorios de este deportista, el quinto puesto en el Torneo Internacional de la Pesca del Black Bass convocado por la revista española Solo Pesca en 1997, con pruebas en La Redonda (Ciego de Avila) y en Alacranes, de Villa Clara. En aquella cita foránea, los cubanos entraron a ultima hora a causa de que los funcionarios del turismo por la parte nacional se mostraron todo el tiempo reticentes a la inclusión de los campeones locales, a pesar del interés en la asistencia de los mismos que evidenció y mantuvo todo el tiempo el principal responsable del certamen, José Manuel González López, director de la publicación auspiciadora.

Para llegar a los 48.06 puntos de su victoria –resultado que sobrepasa en más del doble al de sus contendientes más cercanos- Samuel Yera Pompa completó el cupo de tres ejemplares los días primero y tercero, y pudo tomar uno menos en la intermedia. En contraste, logró una serie de piezas que alcanzarían close-ups en cualquiera de los grandes eventos dedicados a la lobina negra boquigrande en otras partes del mundo: una de más de cuatro libras, una de más de cinco, una de más de seis, una de más de 7 libras. A los 39.06 puntos que logró por el peso total en libras que sumaron sus capturas, se adicionaron 9 puntos por la bonificación que otorgan las reglas de competencia cuando las piezas alcanzan destacados rangos de peso.

No obstante el amplio margen de puntuación, respecto a sus contendientes más inmediatos, el campeón del Abierto 2008 revela que todavía quedaron piezas que no pudo sumar a su saldo de esta vez, como un ejemplar de peso desconocido cuya poderosa tracción quebró un spinnerbait durante la última sesión de pesca. “Minerva es un gran embalse, que responde, a pesar de que es pescado sin piedad”.


TAL VEZ CUESTION DE ESTILOS
Samuel Yera Pompa es el único pescador aficionado cubano que ha sido comparado con los profesionales que en el mundo se dedican a las competiciones de alto estándar en la pesca de la lobina negra boquigrande. El autor norteamericano Monte Burke, en su libro Sowbelly, the obsessive quest for the world record largemouth bass, describe a Yera como una persona normal, libre de las tensiones en la lucha por un record mundial que hacen de Bob Crupi un taciturno policía de tránsito, y provocaron que Porter Hall perdiera su matrimonio. El cubano, casado en segundas nupcias, es padre de dos niñas y halla tiempo para colaborar con la FCPD a pesar de que su trabajo le aparta por días en los cayos. Es asimismo, el único de los representantes en Cuba de la Internacional Game Fish Association (IGFA) que puede ser reconocido como pescador deportivo cubano en activo.

Desde 1970, es decir, durante una buena parte de su vida, Yera fue un pescador de agua dulce, dedicado muy preferentemente a la lobina negra boquigrande, la trucha de los cubanos, el bass para la mayoría de los otros paises. Comenzó muy niño junto a su padre, recientemente fallecido, competidor en los primeros certámenes cubanos del boquigrande y campeón en algunos de ellos. Todavía la puntuación acumulada por el joven Yera lo mantiene en la nómina de los 10 mejores pescadores en el Club de Pesca de La Lisa en Ciudad de La Habana, donde por años participó en las pesquerías organizadas por el promotor Antonino Rodríguez.

Graduado de Ingeniería civil, Yera se trasladó a Villa Clara y pudo así vivir al alcance de algunos de los mejores embalses cubanos, cuyos espejos se abren en la región central de la Isla. Solo accedió al mar de manera estable una vez que cambió su perfil profesional por el de guía de pesca, desarrollando a partir de sus propios estudios y la colaboración de su pequeño equipo de guías el coto de Las Brujas, en la cayería septentrional de Sabana- Camaguey, donde tienen buen control sobre unas cuantas poblaciones de sábalo y algunas otras especies.

Durante los meses previos al torneo había estado muy concentrado en la pesca marítima de avíos ligeros y han sido escasos sus contactos con las aguas dulces. Aquella pesca es diferente, más fuerte, variada y rápida, pero distante de lo sutil e impredecible del boquigrande, por lo cual la entrada en un torneo que ya reúne a la mayoría de los pescadores fluviales más consistentes del país requirió un esfuerzo de concentración. Una sola ocasión pudo pescar Yera en Minerva antes de la competencia.

Afrontó el desafío con serenidad y confiado en su preparación física. Tiene 45 años y dice sentirse y se muestra fuerte. El mar lo mantiene en forma, pero además se ejercita físicamente con frecuencia. “La diferencia de este año fue mental, un replanteo de mis estrategias después del cero captura que obtuve en 2007 en Minerva- dice-. Competí muy tranquilo; el último día retorné a la orilla una hora y media antes del cierre oficial de la prueba de pesca: ya estaba hecho, lo estaba desde el día anterior y lo había rematado y lo sabía”.

Un torneo puede ganarse de distintas maneras, según el estilo que adopte el competidor. Puede saturarse un lugar, explorándolo centímetro a centímetro con un señuelo, o usar una gama de ellos para toda la columna de agua. En esta ocasión Yera se dijo: “Voy a buscar los peces activos”. Sabía los resultados del evento previo, el torneo nacional efectuado en enero en Minerva, en el que se habían cobrado truchas grandes con señuelos tipo “minnow” de Rapala, que trabajan a poco más de un pie bajo la superficie, y presumía que el boquigrande estaría aún en época reproductiva, sin gran apetito.

Yera decidió basar su estrategia en abarcar un amplio territorio, marcando los lugares que consideraba de mayores posibilidades, con una gama limitada de artificiales; desplazó el bote por sitios protegidos del viento, de fondo firme, maleza sumergida y profundidades que no rebasaban los dos metros. La principal herramienta elegida fue el spinnerbait, un engaño al que le tiene experiencia y que le ha dado más de un trofeo. El primer día cobró siete truchas, para elegir las tres que presentaría al jurado y soltar el resto; el segundo fueron cinco, y en la prueba final cambió a crankbait y subió cuatro, contando la que se escapó a última hora cuando ensayó volver al spinnerbait.

SUBE EL NIVEL
Todavía son pocos los pescadores cubanos que asumen sus participaciones en eventos de pesca con un nivel de compromiso que pueda ser comparable al de un atleta de categoría olímpica. Puedo recordar algunos nombres notables: Vicente Cheche Chávez Rodríguez, pescador de pargos en Boca de Camarioca, para quien competir era “cumplir un trabajo”; Gilberto Pupo en el spinning, Luis Balmaseda y Jorge Yordi Cunill, en la pesca de agujas, … aficionados responsables, calificados y portadores de la ética del deporte de la pesca en sus respectivos momentos.

Algo de aquel magisterio porta Samuel, mas adicionándole un enfoque emparentado con su formación académica y derivado además de un permanente empeño por adquirir toda la información posible acerca de su deporte, lo que le prepara para enfrentarse a cada reto en competencia como quien aborda una tesis demostrable, sin pueriles concesiones al criterio de la suerte.

Pura racionalidad técnica puede que parezca, en un primer acercamiento, un dominio muy aplicado de los pormenores involucrados en la pesca, con referencias al comportamiento de los peces, estado de las aguas, meteorología, observación del espacio de pesca con precisión de topógrafo. Pero más en detalle se aprecia en él una especie de serenidad, un calmado disfrute de la competencia, como si estuviera ajeno a la tensión por los resultados de los otros y fueran los peces y él mismo los únicos contendientes.

Cuando le comento que hubo una época de oro para la trucha, en la que se destacaron grandes pescadores como Elio Ruiz, Danilo Domínguez Ortega y su propio padre, Yera riposta que en Cuba está volviendo a subir el nivel de la pesca del bass. “Con estos torneos Abiertos y el ranking (Escalafón nacional de la FCPD) está sucediendo que se interesan por la competencia deportiva incluso algunos que pescan la lobina negra por su valor como pescado. Saber que uno se va a medir con la gente de más nivel del país en el deporte es algo que atrae”.

En su opinión, el aficionado nacional afronta carencias, pero más que todo de información teórica, porque no son accesibles revistas especializadas que en el mundo tratan de forma cotidiana aspectos elementales de la técnica, tales como el tipo de señuelos para cada ocasión, los colores, profundidades, la presentación, etc. A esto habría que adicionar el hecho de que, para la inmensa mayoría, la vivencia se refiere a un embalse o a un grupo reducido de ellos, en los que las técnicas que resultan eficaces se dominan con rapidez y muchas veces derivadas de innovaciones locales, pero no preparan al competidor para un amplio espectro de situaciones.

Estos Abiertos cubanos –del bass en Minerva, de spinning en la Isla de la Juventud, de pesca a mosca en Ciénaga de Zapata- están creando una escuela de pescadores que se preparan para escenarios que no son únicamente los domésticos, en sus lugares de residencia, y es casi seguro que de este modo ya estén contribuyendo a preparar los futuros competidores cubanos capaces de medirse en torneos internacionales, dentro o fuera del país. No tiene que sorprender.