RENACE LA PESCA DEL
BASS EN HANABANILLA
Cuban Review, mayo 1998










En menos de un año, la concepción de los certámenes de pesca en Cuba ha afrontado una transformación radical, con la aplicación de los métodos de competencia de contenido conservacionista y mayor deportividad.

El Tag and Release (marcado y liberación de los peces) se introdujo durante 1997 en los dos principales torneos de pesca de agujas celebrados en la capital cubana. Ahora ha tocado ele turno a las agujas fluviales.

La filial de la Federación Cubana de Pesca Deportiva e la provincia de Villa Clara se lanzó en sólo tres meses a la aventura de organizar el primer Torneo Todos Estrellas de la Pesca del Bass (Cuban All Star Bass Ope Tournament), con todos los ingredientes para convertirlo en la cita élite de este deporte e aguas interiores, con la inclusión de la nómina de competidores de 14 pescadores nacionales de alta calificación, seleccionados en topes desde nivel de base hasta nacional, la cita de Villa Clara deviene un fuerte aliciente para el deporte de la pesca en el país, mientras los visitantes van a encontrar a partir de ahora a contendientes de categoría, y no sólo buenas aguas, peces, guías y condiciones de estancias.

El atractivo internacional de este tipo de competencia, que –según algunos expertos- podría alentar su inserción en los proyectos del efervescente turismo náutico cubano, cuenta con una base de interés actual y segura; la aplicación de las reglas del Catch and Release (captura y suelta), que de manera eficaz se llevó a cabo en la primera edición del nuevo certamen piscatorio.

UN EMBALSE DE LEYENDA

La cascada más famosa de Cuba y más de un escenario de combates entre milicianos y alzados se encuentra ahora cubiertos por las aguas en la Sierra del Escambray. El embalse Hanabanilla, a unos 330 kilómetros de La Habana, en un sorprendente espejo acuático de 1700 hectáreas entre laderas abruptas de parejo verdor, a trechos desbrozados por los campesinos para sus cultivos de subsistencia.

Un hotel de 125 habitaciones, e el extremo norte del acuatorio, acogía en los ’80 a grupos de norteamericanos apasionados a la pesca del bass. La especie, conocida en español como lobina negra boquigrande, es llamada “trucha” por los cubanos, quienes la importaron a principios de siglo desde los Estados Unidos.

Dan Show, un experto en bass radicado en Texas, visitó el lugar repetidas veces en compañía de investigadores y pescadores profesionales e hizo muestreos que revelaron un alto potencial de ejemplares de trofeo, clasificación que reciben las piezas de más de 10 liberas de peso. El récord del embalse era en esa época un ejemplar de 15 libras, cobrada por el norteamericano Varaeece Berry, luego superado en una libra por un guía cubano.

Durante la época en que frecuentaba Cuba, Mr. Show fue informado de capturas lobinas de hasta 26 libras de peso en este lago. El récord del mundo, fijado en 22 libras y cuarto, permanece vigente desde 1932. Hanabanilla, con sus profundas aguas, su extensión y sus escondidos rincones, además de su adecuada conservación ambiental, tiene reales condiciones para albergar la nueva marca del orbe.

En 1985 comenzó un proyecto para llevar el bass del Hanabanilla a los Estados Unidos. “Como resultado de estudios en el Texas Park & Wildlife, se determinó que las lobinas negras cubanas son ligeramente diferentes y crece algo más rápido que el bass de la Florida”, escribió Dan Show el autor de este artículo en 1993.

Apenas abierto para la pesca turística en 1982, el Hanabanilla ofreció 69 bas-trofeo e sólo una semana. Una verdadera explosión. En ese mismo año se celebraron allí el cuarto encuentro de la pesca de la “trucha” Cuba-USA, ganado por Phil Broussard y Francisco Rodríguez.

AL RESCATE DE LA NUEVA IMAGEN

“La pesca del bass es la razón de ser de este hotel”, afirma un antiguo guía del Hanabanilla. En los ’90 esta lógica relación perdió terreno. Nada se encuentra en la prensa durante años, ni un modesto folleto publicitario ha quedado de la última década. En un panel del restaurante, fotografías enmarcadas recuerdan la gloria del pasado certamen.

Fue así que cayó en terreno abandonado la propuesta del torneo avalada por la federación de pesca local. Islazul, la cadena actualmente propietaria del hotel, acogió la idea en alianza con ECOTUR S.A., una agencia de viajes de fuerte presencia local que tiene la pesca entre sus ofertas. Entre ambas poseen una apreciable florilla de bass-boats, con cuyo sostén se puso en marcha el plan a principios de diciembre.

Llovieron promesas de participación desde los Estados Unidos, algunas de Italia e incluso de España. Pero la mayoría quedó a la expectativa ante la novedad. Sólo dos canadienses, Paul Waterlee y Carlos Morse, persistieron en su decisión de medirse con los campeones cubanos.

El 6,7 y 8 de marzo pasado una docena de lanchas con motores fuera de borda, especialmente acondicionados para esta pesca, salieron cada amanecer desde el muelle del hotel Hanabanilla. Durante ocho horas (cinco el último día) recorrían el embalse, pescando a lo largo de las orillas, sobre los escasos bajos de vegetación sumergida o en los profundos causes de los ríos.

Los competidores pusieron en el certamen todo su profesionalismo y maestría. Pescaban con avios de spinning o bait casting, con señuelos de profundidad para tentar las piezas mayores. Cada pieza fue devuelta a las aguas después del pesaje y la medición, con lo cual se logró una alta sobrevivencia. Se estrenaron los cubanos en la pesca sin muerte.

Samuel Yera tres veces campeón nacional y único cubano que integra el “10 Pound Bass Club” de la Internacional Game Fish Association (IGFA), obtuvo el cetro con cinco piezas que pesaron 16 libras con 12 onzas. De cerca le siguieron el novato Jesús González y el veterano Elio Ruiz, mientras Carlos Morales lograba el premio a la pieza mayor con un ejemplar de más de 7 libras. Morse, el canadiense, quedó cuarto.
En términos de gestión turística, era razonable esperar mayor asistencia internacional. La calidad del debut, sin embargo, inaugura todo un reto para eventos futuros; un certamen del máximo nivel en aguas que mucho prometen y que serán todavía mejores debido a la protección que ahora reciben.

Además del Hanabanilla, el año próximo los organizadores se plantean ampliar el tope a la represa de Palma Sola, un coto que dará más de una página, con programa ampliado a cuatro días de pesca y uno intermedio de receso. Queda todo el verano y un par de estaciones más para decidirse; pero no se confíen los aficionados, este es el torneo más esperado de cuantos podrían celebrarse en Cuba.

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