BARCOS Y PECES EN EL TORNEO DE LA HISPANIDAD
Tourism Press Service / Año 2, No 21, 15 noviembre 1994, pág. 26

El pez pico con ganas al este de La Habana durante los primeros días de octubre. Nadie había hecho un concurso de pesca de agujas frente a estas costas en fecha tan avanzada del año, pero a la Marina Tarará, de Puerto Sol, el intento le salió definitivamente bien.

La pesca mayor es una de las buenas razones para llegar un día a ese lugar y, sin alejarse mucho de los asuntos que lo ocupan en la capital, sentirse de verdad en otra parte. Un lugar donde uno se sabe a las puertas de todas las sensaciones del mar y adivina a la vez el íntimo verdor de tierra adentro al volver la vista río arriba.

Este año, Marina Tarará ya había realizado su Torneo de Primavera, que da continuidad estable al iniciado en 1988 en la desembocadura del río Guanabo, y tuvo éxito asimismo en la celebración del Torneo Amigos del Caribe. Así que se preguntaron si valdría la pena volver a intentarlo y organizaron el Torneo de la Hispanidad, también para la pesca de agujas, puede decirse que unas pocas semanas después.

Joaquín Quiles, un español de Islas Canarias que en los últimos años se ha convertido en un experto y afortunado campeón de la vara y el carrete en aguas cubanas, alentó la idea de celebrar el certamen y contribuyó a su promoción en España, de donde vinieron cuatro equipos.

Una embarcación por Brasil y dos por Cuba completaron la flota en competencia, si usted quiere, pero de la buena clase de los que se arriesgan a lo inusual y por ello disfrutan más sus éxitos. No por gusto al torneo le viene el nombre del Día de la Hispanidad, que celebran en España cada 12 de octubre para recordar la hazaña de Cristóbal Colón.

HACIA LOS HILEROS AZULES

El sábado 8 de octubre pasado los competidores discutieron las reglas en un breve encuentro matutino. Este tipo de pesca se lleva a cabo por el sistema de curricán o trolling, con las líneas a remolque tras el barca a baja o media marcha. Se aceptó el empleo de sedales de 80 libras de resistencia, pero al decretarse la bonificación de de medio punto por libra de pez a quienes usaran líneas más finas, todos se inclinaron por la de 50 libras.

Antes del mediodía, luego de un intercambio fraternal entre contendientes, patrocinadores y organizadores, desfilaron los yates por el verdiazul escenario de la rada de Tarará y salieron al mar por el canal de acceso, hacia los hileros azules de la Corriente del Golfo donde el gran pez busca su alimento.

Fue un día de sol y expectativas en el que los peces mostraron interés por entrar en juego. En el Galo, uno e los yates en competencia, cuatro veces saltó el sedal de la presilla en lo alto de los outriggers. Quiles, en el Veneciana II, tuvo un castero de buen peso durante media hora al extremo de la línea, pero el monofilamento estalló con el pez casi al alcance de los bicheros.

Entonces, resultó la inicial una jornada de asueto para jueces y oficiales de pesaje, justamente porque el segundo día tenía que ser el de la verdad. Quiles lidió una aguja de casta de 93 libras y media que dio razones de su buena suerte; sus coterráneos Miguel Blanco y Ramiro López empataron una increíble pareja de ejemplares de 97,9 libras, en el Veneciana V y Valentín Ruiz, de Cuba hizo lo mejor del día con otro castero, de 102,3 libras.

Esta pieza fue la actuación más relevante de los anfitriones y recibió premio por haber sido la mayor de la primera prueba de pesca. Fidel Heredia, también cubano, fue igualmente galardonado por la captura del único dorado del certamen.

Después del día del receso intermedio, parecía que la competencia iba a quedar entre los españoles del Valenciana II y el Valenciana V.

Antonio Fernández, de esta misma nacionalidad, había logrado una aguja blanca de 46,2 libras en la prueba anterior, pero no repitió ni tampoco lo hizo el cubano Ruiz.

Quien insistió fue Joaquín Quiles, ahora con una castero de 99,0 libras, pero sus contrincantes eran tres y no mal dotados para esta lid. Repitió Blanco, como quien dobla una apuesta, colocando en la balanza una aguja de casta de 145,2 libras. Ya esto significó apropiarse de la placa al mejor pez del día y, para rematar, Manuel Amatriain tomó su turno a la vara en el Veneciana V y trajo una aguja de abanico de 40,7 libras.

Cai nada: 572,9 puntos en una admirable labor de equipo. Quile va en solitario y sale a los avios cada vez que un pez tiene la ocurrencia de jugar con la carnada. El último día de pesca trata de acortar la diferencia en puntos y lo logra, con una aguja blanca de 42 libras justas.

Aunque no gana el certamen, es el único que ha lidiado un pez diario, tres días seguidos. Su acumulado de 357,5 puntos lo convierten en sublíder absoluto de la justa y difiere en menos de una decena de unidades con el de Miguel Blanco, el mejor posicionado en la lid individual.

LA SAGA BRASILEÑA

El Galo atracó al final de la cuarta y última jornada de pesca algo más retirado que la embarcación de Quiles pero no fue por eso que los cargadores de aquel demoraron algo más en llegar al punto del pesaje. Su pez –ancho, corpulento y de un azul muy oscuro- no le dejaba avanzar más aprisa por el muelle.

A bordo del Galo se dieron gusto. El gusto de la sorpresa cuando se cree todo perdido tres horas antes de regresar a puerto.

No había material para una escueta nota de prensa y parecía inútil haber traído desde Brasil un equipo de la Central Nacional de Televisión, además de un periodista y un fotógrafo de la revista Trofeo-Pesca.

De haber sabido el desenlace, tal vez habrían decidido sumar también un poeta o un compositor musical a su equipo de pescadores, y Paolo César sería ahora personaje de una moderna saga o de una movida samba marinera. El lo hizo, dominó un castero de 206,8 libras y llevó a los brasileños al tercer puesto y al premio a la pieza mayor, sin otro trámite.

La historia de esta captura se cuenta en pocas palabras. Lo hace Eliseu Soares, compañero de equipo que traslada al castellano las impresiones de Cesar; “Picó como a las dos de la tarde o casi así, frente a las Playas del Este. Peleó duro por 40 minutos, saltó cuatro, cinco o seis veces; se comportó como un valiente”.

¿Y el contrincante del pez?

(Miradas de picardía a Paolo César, palmadas en su espalda). “El pescador se comportó muy bien después de los primeros 10 minutos. Durante los primeros 10 minutos lo veía muy nervioso. ¡Estaba blanco! Nosotros hablábamos con él: Todo va a salir bien, todo va a salir bien y después de los minutos iniciales se comportó como un maestro. Es un maestro”.

Esta es su primera experiencia en Cuba. ¿Cómo vieron las posibilidades de pesca?

Muy bien, en mi opinión. Yo he pescado en muchas partes del mundo y las condiciones aquí son ideales. Los peces no son abundantes; no hay muchos, pero el confort de pescar a uno o dos minutos de la marina es algo que usted no lo tienen en ningún otro lugar del mundo. Entonces, es un lugar maravilloso, donde se puede esperar con certeza un éxito en la pesca”.

El equipo brasileño representó a la firma Fishing Pass Tour. “Una empresa que está aquí en Cuba”, subraya Paolo César. “Están interesados en traer pescadores a varios polos cubanos. No sólo al litoral noroccidental, donde se encuentra Marina Tarará, sino también a Cayo Blanco, Varadero y la Isla de la Juventud”, enumeró Soares.

Otros méritos aparte, el Torneo de la Hispanidad tuvo un saldo interesante para los aficionados a la pesca, quienes no dejarán de anotar que la cantidad de piezas capturadas -10 agujas- fue superior al número de barcos participantes. Eso no es tan común en los certámenes de la pesca mayor.

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