CUBANOS EN OTRAS AGUAS
Al cabo se nos ha ocurrido, lo que iba a suceder un día u otro: ¿Qué hará el cubano que emigra con su afición a la pesca? De tanto en tanto alguno recala a este blog y se inicia el diálogo. Hasta que al fin ha llegado la idea: ¿Hallarán acomodo los asuetos en los empeños que le llevan a otras tierras? ¿Habrá una diáspora de pescadores, como ha ocurrido dicen que la hay de escritores o artistas, que hacen una literatura y un arte, también cubanos?
Algo hay de cierto: CUBANOS DE PESCA, blog pensado para develar en términos de ideas, de tradición, de saber compartido, la pesca recreativa cubana, encuentra que también esos usos de dialogar con el paisaje, que son la pesca y otras maneras de socializar la naturaleza patria, se incorporan al sentir de la persona que traslada su ámbito, van a permear su percepción de los nuevos ambientes.
ues simplemente enviamos las preguntas a un puñado de compatriotas que en distintos momentos se habían acercado a este sitio, bien por amigos de antes, bien por el tema. Suponíamos que una experiencia de mucho interés podía generarse si algunos aficionados cubanos que se hallan en otros países nos escribieran acerca de sus vivencias de pesca en esas aguas diferentes a las nuestras. Mucho habría que comentar: especies que se pescan, iguales o distintas a las cubanas; el avío y los señuelos que usan; si la experiencia adquirida en la Isla les ha servido en sus nuevas regiones de residencia. Como se cumplen las leyes de pesca y de protección del medio, con el pedido de anécdotas al respecto. También sobre los clubes, torneos, publicaciones y negocios de pesca en los que se asocian nuestros compatriotas. Todo esto, o aunque sea el cuento de la última pesquería, y alguna foto. ¿Pescan en países diferentes de aquel en que residen? ¿Han vuelto a pescar en Cuba?
La primera narración nos llega desde Santa Cruz de Tenerife y su autor es un pescador natural de la provincia de Villa Clara, en el centro de Cuba:

Al pie del Teide, con técnicas del Malecón de La Habana.
Por Juan Carlos Gutiérrez Rivero (Santa Cruz de Tenerife, España)

Amigo Ismael, mis saludos antes que todo. Te contaré que para venir para España tuve que deshacerme de mis avios de pesca que para mí tenían un gran valor, no monetario, sino el amor que uno le toma a lo que con tanto trabajo ha obtenido.Cuando llegué a Tenerife lo primero que hice fue observar que por donde quiera tenia acceso a la costa; goloseaba el mar, el deseo de tenerlo de frente para poder disfrutar del primer lance. Traje algunas cosas para preparar mis señuelos, como pelos pintados de amarillo, hilo, el pomito de pintura amarilla; traje las boyas o bin-bines, traje la boya con plomo que se usa en el malecón de La Habana, porque yo soy de los que cojo el tren en Santa Clara y voy a pescar las corridas de la cojinúa en el muro habanero.
Cuando trabajé unos días reformando un salón, el dueño supo que me gustaba la pesca y me obsequió una vara de pescar. Yo, que había traído mi mejor carrete dije: "Ya estoy hecho". Armé mis pelusas al estilo Borroto, que a eso no hay pez que se le resista, y partí.
Partí a pié barranca abajo porque esta isla es una loma de mucha piedra volcánica, cascajos y barrancos muy peligrosos; nada de arrecifes ni diente de perro como nuestro litoral; piedras negras y en sus acantilados hay que tener cuidado con los desprendimientos de rocas. A mis espaldas el Teide, un volcán que tiene una altura maxima de 3718 m sobre el nivel del mar.Pues llegué a un lateral de una playa llamada El Buyuyo, lo mas lindo del mundo, me refiero al lugar del escenario de la pesca bañadas con aguas del Atlántico unas olas inmensas, aunque estaba protegido por un rompiente y unos cabezos. Dije: “Esto está virgen, me voy a dar banquete”. Abrí con el binbin (el que más fe le tengo) continué con la boya capitalina, puse el pollo, la colita de camarón, rapal. Cuchara arriba, a media agua, abajo, etcétera, y el pez no apareció nunca. Nada de nada. Otro día fui a otro lugar que se llama Puerto de la Cruz, con unos rompientes lindísimos, pero se repitió la misma historia, no pica nada.

NOTA DEL EDITOR: ¿Eso es todo? No, Juan Carlos. Huelo pescado en esta historia, y va a llegar. Ya lo creo que sí.