LOS GRANDES PICAN EN ALTA MAR
BITACORA. No 1, verano 1999, p. 18

La pesca mayor, la modalidad más exigente de las que se practican con avíos deportivos, tienen en la costa noroccidental cubana uno de los escenarios de mayor atracción desde hace 75 años.

S. Kip Farrington jr. un afamado pescador y autor de libros sobre pesca mayor, escribió en una de sus obras que la primera captura con avíos deportivos de un gran castero azul del Atlántico se logró frente a las costas de la Habana en el año 1924. Ocho años más tarde de esa fecha comenzó sus viajes a esta agua el también norteamericano Ernest Hemingway, que hizo de la pesca de los peces de pico a la altura de la costa noroccidental cubana un tema de primera línea en sus crónicas y relatos.

Justamente en la década del 1930 comenzaba en Cuba el auge de la pesca mayor. Un astillero del río Almendares inició la fabricación de yates de recreo y en el transcurso de los siguientes veinte años surgieron torneos, publicaciones de pesca, nuevos clubes y asociaciones y registros de récords, todo ello impulsado por el interés qe provocaba dentro y fuera del país la excelencia de la pesca de los peces de pico en la cercana Corriente del Golfo.

Tal auge explica que uno de los nombres comunes de la aguja de casta, recogido para habla inglesa por The Fisherman Enciclopedia a mediados de siglo, sea precisamente Cuba Marlin. Un gran trecho de la costa Norte cubana, desde Bahía Honda hasta las proximidades de la Península de Hicacos, estaba poblado por pescadores de agujas y otras especies de depredadores desde mediados del siglo XIX.

En esa época realizaba sus investigaciones ictiológicas el eminente naturalista cubano Don Felipe Poey y Aloy, cuya clasificación científica de la aguja blanca, Tetrapturus albidas, es válida hoy día.

Antiguamente se hacia referencia en el país a la existencia de agujas de casta o casteros azules, negros y rayados o “vareteados”. En la actualidad aunque aún los pescadores hacen diferencia de tales patrones de coloración, se conoce que la ciencia no ha tenido fundamento para clasificarlos en distintas especies, por lo cual reciben una sola denominación: Makaira nigricans.

La otra especie de pez de pico que frecuenta esta agua es la aguja prieta, voladora o de abanico, Istiophorus platypterus, a la que se asumen hábitos más costeros y e menor alcance migratorio, por lo cual su presencia es más estable dentro de su presencia es más estable dentro del año, mientras el castero y la aguja blanca son más estaciónales.

Cuando han terminado los fuertes vientos invernales y los secos sures de Cuaresma, comienza la captura frente a la costa cubana de las primeras agujas de la temporada. Puede que esto ocurra en marzo o incluso antes, pero es más corriente que suceda de mediados de abril en adelante. La primera en aparecer es la aguja blanca, fuerte y peleadora, de 40 a 60 libras de peso.

De junio a julio se apreciará que decrece la corrida de la aguja blanca y aparecen con más frecuencia los jóvenes casteros de 100 a 200 libras de peso, los cuales pueden meter en problemas a un pescador no avanzado con sus fortísimas peleas.

Desde agosto hasta que octubre anuncia la proximidad del invierno se espera siempre en la costa noroccidental de la Isla la llegada del castero grande y pesado. Ejemplares de 500 libras o más son siempre posibles. El récord en Cuba pesó 569 libras y fue pescado e 1979 por Phillip Capturo en el II Torneo Internacional del Blue Marlin. En ese mismo año, pero en el Torneo Hemingway, Sydney Turk logró a una milla y media de la costa, un ejemplar de 501 libras que aún es récord de ese certamen.

Los registros más recientes de estos “pesos pesados” corresponden a un castero de 550 libras con el cual el alemán Peter Osterman celebró su trigésimo cuarto cumpleaños el 15 de febrero de 1995, y a otro de 614 libras capturado el primero de septiembre de 1998 a bordo del yate Audaz, perteneciente a la flota de Marina Tarará.

La carnada preferida del pescador local para la pesca de agujas es la banda de agujón, aunque también se pueden cebar los anzuelos con escribanos y lisas para trolear en busca de agujas blancas, o con bocados más suculentos, como pintadas o pequeñas sierras y barracudas, en las ocasiones en que se buscan casteros grandes.

Los señuelos artificiales también se emplean, sobre todo en los torneos, pero en realidad la pesca de los peces de pico con vara y carrete no es masivamente practicada por los nacionales.

Más bien se emplean unas boyas atadas en parejas, con líneas pendientes de cada una o varias brazas de profundidad, con lo cual lo que de deporte pueda tener ese método de pesca ha de ponerse entre comillas. Otra cosa es curricanear con línea manual, que también se práctica, lo cual requiere ya de bastante fuerza y no poca destreza.

Tan cerca de la costa corren las agujas frente a La Habana, que según un pescador español, desde el barco que trolea en la Corriente, “se pueden distinguir los colores de los pañuelos de las mulatas que pasean por el Malecón”. En unos años se han descubierto varios sitios donde los peces de pico pueden pescarse, como Cayo Largo del Sur, Santiago de Cuba y Cayo Guillermo, aunque no tan cerca de la costa como en La Habana.

Además de tres especies de aguja, la pesca al curricán o trolling en las aguas cubanas ofrece la posibilidad de lograr acción en la captura de petos, atunes, dorados, sierras y otros peces de talla y combatavidad.

A veces, cuando se está pescando el trolling en la Corriente del Golfo para capturar agujas, aparece el dorado, que es un hermoso pez que nada en grandes manchas y da grandes saltos cuando está cogido en el anzuelo. Aparece generalmente en el invierno, pero en ocasiones se han hecho abundantes capturas de la especie en los torneos de primavera.

En las aguas que bañan las costas cubanas están bien representado el grupo de los túnidos, cuya pesca resulta muy atractiva para los deportistas. Aparte de las sierras y los serruchos, que aparecen por esta agua entre octubre y enero, el más importante depredador en esos meses invernales es el peto, Acanthecybium solandri.

La corrida del peto es uno de los compromisos deportivos que nunca dejan de cumplir los pescadores aficionados del país, principalmente en los puertos donde se da bien esta especie, como La Habana y Santiago de Cuba. Durante las décadas de 19340 y 1950 la revista “Carteles” patrocinaba cada año un concurso nacional de la pesca del peto y desde el pasado año existe un torneo internacional dedicado a esta especie en la Marina Hemingway.

Cuando se pesca al curricán en las aguas profundas de Cuba también pueden capturarse tiburones, barracudas u otras especies, pero estas no son muy apreciadas por el pescador local, el cual prefiere los peces de buena carne para llevarlos a la mesa después de disfrutar su pesca.

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